sábado, 11 de mayo de 2013

Paula Modersohn-Becker




Entre las nuevas corrientes plásticas y la pintura alemana de principio del siglo XX, Paula Modersohn-Becker se destacó por ser de las primeras mujeres germanas en conjugar ambas, en un estilo propio y singular.


Alemania, 1889. Un grupo de artistas alemanes se asienta en las cercanías de Bremen y funda la denominada Colonia de Artistas de Worpswede. La intención: vivir en comunidad, reconectándose con el entorno natural, alejados de la vorágine de las grandes ciudades y de todo lo que implicaba la noción positivista de progreso indefinido de la civilización, tan activa en esos momentos. Allí podrían, siguiendo el modelo de la Escuela de Barbizón, realizar obras al plein air reflejando la naturaleza y la vida campesina de las zonas rurales alemanas, lejos de toda estricta pauta académica. Otto Modersohn (con quien se casaría), Carl Vinnen, Fritz Overbeck y Fritz Mackensen fueron algunos de los artistas que convivieron en la comunidad, siendo llamados “el grupo de Worpswede”. Aquí llegó, en 1899, Paula Modersohn-Becker (Dresden, 1876 - Worpswede, 1907).

Modersohn-Becker es considerada una de las primeras artistas mujeres representante del expresionismo en Alemania. Si vemos sus obras pictóricas no nos vamos a encontrar con lo que estamos acostumbrados a entender por expresionismo, a la manera de los representantes de El Jinete Azul o de El Puente. No vamos a ver pinceladas violentas, diagonales pronunciadas, estallidos de color, vorágines de líneas. Es probable que esto sí lo veamos más claramente en sus dibujos y grabados. Pero sí vamos a encontrar el germen que posibilitó todas estas características.

Antes de instalarse en la colonia había estudiado arte en Londres y en Berlín. Esta formación previa académica incluía una base firme en dibujo y pintura. El ámbito de Worpswede le dio a Paula un lugar donde crear mirando la naturaleza y donde aprender a trabajar con los colores y la luz al aire libre. Pero Modersohn- Becker buscaba algo más. Y ese “algo” no se lo daba la vida en la comunidad. Siempre ávida de conocimiento, partió hacia París a fines de 1900, el primero de sus viajes a dicha ciudad. A partir de ese momento su vida y su arte transcurrirían entre Alemania y la Ciudad de las Luces, nutriéndose de lo vivido en ambas.

En sus estadías en París estudió en la Academia Collarosi, en la École de Beauxs-Arts, recorrió el Louvre y el Salón de los Independientes, contemplando los nuevos caminos que estaban comenzando a recorrer los artistas contemporáneos a ella. Conocer la obra de Cézanne en la galería de Vollard fue un acontecimiento que influyó profundamente en su estilo así como su acercamiento a Matisse, Gauguin, Van Gogh y Munch. Los pintores Nabis y a los Fauves, Henri Rousseau y al Picasso del Período Rosa, también la llenaron de inspiración. Sus obras se transformaron a la luz de las impresiones que obtuvo recorriendo las galerías y las exposiciones, embebiéndose de arte moderno.

Las más claras transformaciones en su arte que podemos notar la sueltan de las pautas aprendidas en sus años académicos y en Worpswede y se adentran en sus obras para desestructurarlas. Se puede pensar que las mayores influencias vienen de la línea de Gauguin y Cézanne. La deformación expresiva es una de ellas: se hace evidente en las figuras femeninas, tópico que Modersohn-Becker desarrollara extensamente, donde el agigantamiento de las formas da lugar a una monumentalidad y masividad contundentes. Esto refuerza el simbolismo subyacente en el motivo de la mujer como madre, vinculada con la naturaleza y dadora de vida. La importancia otorgada al simbolismo es probable que le haya llegado de Gauguin y se observa también Odilón Redón, Puvis de Chavanne y Maurice Denis, del grupo de los artistas Nabis. A su vez se hace extensiva dicha deformación a la naturaleza, algo ya trabajado por los post impresionistas, sobre todo Van Gogh, y en el caso de la figura humana en ciertas obras de Picasso, como el retrato de supiera hacer de Gertrude Stein. La deformación viene por un lado de la línea del primitivismo y por otro de la proyección subjetiva de lo emocional en el motivo. La artista empieza además a ubicar estas figuras monumentales en ámbitos con fondos donde despliega motivos decorativos que, si bien en relación son simplificados, remiten al decorativismo desarrollado por Matisse y a Gauguin. La fuerza del color y la pincelada cargada también se notan claramente después de haber conocido París. Si bien no llega a la contundencia ni significación del color de los fauvistas, sí fortalece la paleta y recarga de pintura los lienzos, siguiendo la línea del Post Impresionismo. El análisis de la geometría de la forma desarrollado por Cézanne y fundamental para los artistas posteriores a él también se observa, claramente en las naturalezas muertas que supo crear.

El análisis del corpus de obra de Modersohn-Becker nos deja ver por un lado el desarrollo artístico en la Alemania de principios del siglo XX, específicamente la rama antiacadémica en una comunidad específica y rural como lo fue Worpswede, y por el otro el contexto de influencia parisino contemporáneo, que supiera inspirar y revolucionar la mente de tantos artistas y dar origen a las vanguardias históricas. Murió tempranamente, luego de dar a luz a su única hija. Pero en su corta carrera desarrolló en medio de ambas influencias su propio estilo, el cual la ubica como eje entre el legado de Barbizón y los lenguajes avant garde, y en el cual vemos el germen de la corriente del expresionismo.



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