Mostrando entradas con la etiqueta malba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta malba. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de abril de 2013

Grete Stern y las mujeres soñando



Un reconocido sociólogo construye un alter ego, Richard Rest, para responder a las lectoras de la Revista Idilio sus cartas. En 1948, en el primer número de dicha revista femenina y popular, se anuncia la columna “El psicoanálisis te ayudará”. Las lectoras mandan los relatos de sus sueños. Gino Germani los interpreta en la publicación. Grete Stern crea, mediante fotomontajes, las imágenes que acompañan.

La muestra “Grete Stern. Los Sueños 1948-1951”, expuesta por segunda vez en las salas del MALBA, presenta 46 de los 150 fotomontajes que ilustraron las narraciones oníricas en los números de Idilio. Muchas son las vías de análisis que pueden plantearse para aproximarse a dichos trabajos de la fotógrafa. Pero se reducen cuando encontramos que no contamos con algo que es fundamental para poder indagar en profundidad: los relatos de las lectoras no acompañan a los fotomontajes. Por este motivo, quedamos frente a la imagen “pura”, sin contexto (tampoco vemos ningún ejemplar Idilio), sin texto. Salvo el curatorial que, reducidamente, nos cuenta un poco de dónde viene lo que vamos a ver.

La tarea de interpretar un sueño es difícil, sobre todo si uno no es el soñante del mismo. El psicoanálisis parte de la base de que no existen fórmulas fijas aplicables para desentrañar el significado, una suerte de “diccionario de los sueños”, sino que el mismo surge de la interpretación que realiza el sujeto que sueña. Dicho sujeto pone en palabras lo soñado: recorta, censura, omite, magnifica, elude, etc., en su discurso. Las lectoras de Idilio, mujeres de clase media en ascenso durante el primer peronismo, como nos dice el texto curatorial, escriben cartas donde narran el contenido manifiesto.

La soñante protagonista de los fotomontajes es una mujer que se siente aprisionada y sojuzgada tanto en el ámbito público-social, como en el privado- familiar. Se desprende de las imágenes la sensación de aislamiento, de opresión por los parámetros sociales impuestos. Mujeres adentro de botellas en medio del mar, cargando pesadas rocas, a punto de caer al vacío o de ser devoradas por reptiles. Mujeres enjauladas, sosteniendo apariencias y estándares de perfección que las anulan. Amas de casa, madres, esposas, empleadas, siempre femeninas, arregladas... sintiéndose cosificadas y objetualizadas. El amor y la sexualidad también son contenido latente. Cierto dejo romántico, posiblemente ironizado por Stern, se ve en las imágenes de parejas. Y cierto aspecto sexual reprimido, más próximo al tabú quizás, se ve en los cuerpos desnudos desmembrados. Los hijos, los maridos, los novios, las madres, la familia, aparecen todos en el mundo onírico de las lectoras. La mirada de los otros, los deseos insatisfechos, la fantasía, la angustia, son lo que vemos frente a los fotomontajes.

Realización alucinatoria de deseos, el sueño dice y oculta mucho. Grete Stern se dedicó, en los años de participación en Idilio, a poner en imágenes el mundo onírico de un amplio espectro femenino. Jugando con la ironía y el sarcasmo, apuntando a tener una visión crítica de la realidad en la que vivían inmersas dichas mujeres, no deja de mostrar claramente el contexto global de su producción. Por eso “Los Sueños”, partiendo del nivel visual, puede considerarse una aproximación a las problemáticas de género de la época, muchas de las cuales siguen formando parte de la sociedad y la cultura actuales.

"Grete Stern - Los Sueños 1948-1951" - MALBA - 18 de marzo a 1 de julio de 2013.
Publicado en ramona - 1/4/13: http://www.ramona.org.ar/node/47383

martes, 8 de mayo de 2012

Reseña sobre la muestra "Brailles y Relecturas de la biblia"

De la Subversión de los Relatos

Malba - 30/3 al 2/7/12

León Ferrari se ha destacado, a lo largo de su carrera, por ser un artista comprometido, contundente y reflexivo. “Relecturas de la Biblia” y “Brailles”, dos series de obras comenzadas a mediados de los 80`s y de los 90`s, son los corpus de collages y reproducciones de obras que nos presenta el Malba, en diálogo con la muestra “Bye Bye American Pie”. Los artistas expuestos en ésta última se caracterizan por una crítica descarnada, shockeante y hasta violenta de la realidad y el sistema estadounidense, mientras Ferrari posa su mirada sobre el sexo, la religión, la guerra y la historia del arte para hacerlo desde la ironía y la sutileza. Contrapuestas en cierto sentido y complementarias, ambas se destacan por la referencia al entorno desde la confrontación y el inconformismo.
Las relecturas sobre la Biblia parten del montaje de imágenes que relacionan por un lado el sexo con la religión y, por otro, la guerra y el poder con la misma. Ferrari se adueña de fragmentos de obras de arte bizantinas y renacentistas en su mayoría (por ejemplo toma al Adán y la figura de Dios de la Capilla Sixtina) para yuxtaponerlas con iconografía proveniente de la erótica oriental. Se produce un juego de tensión entre la explicitud de las últimas, a la manera de Kamasutra del Oriente, y los santos que miran los actos carnales, o los mismos dentro de escenas pertenecientes a la tradición judeo cristiana (como la Anunciación). La selección y unión de imágenes no es azarosa en absoluto: la intención de confrontación es palpable, así como la búsqueda del efecto en el espectador, que no busca ser de “shock” en sí sino despertar la reflexión desde el juego de relaciones iconográficas. Si bien la explicitud sexual es buscada y clara, no se genera un choque violento con los motivos cristianos sino que el resultado da a una suerte de voyerismo icónico, a un destape moral, a una caída de cierta hipocrecía mantenida durante siglos desde la institución eclesiástica. Los tabúes se desmoronan frente a nuestros ojos gracias a la destreza de Ferrari para seleccionar y vincular las imágenes que conforman los collages.

Otra parte de la serie relaciona la religión con la guerra y el poder: aquí los santos, los apóstoles y demás figuras se unen en el collage con imágenes de aviones caza, misiles, bombas. Llama la atención puntualmente una obra donde la representación de Dios de Miguel Ángel, salida del tramo de la Capilla Sixtina que refleja la creación del mundo, se ubica señalando sobre una fotografía de Hiroshima post bomba atómica. Dicha obra está rodeada por otras dos, donde lo que se yuxtapone a la representación bíblica es la bandera con la esvástica nazi y la figura de Juan Pablo II. De manera irónica y con cierto minimalismo de recursos (ninguna composición es recargada sino al contrario, despojada y contundente) ambas partes de la serie cuestionan la ética y los valores tradicionales impuestos. Aquí no se trata de alusiones sino de una reflexión concisa que busca ser contundente. La relación entre las diferentes iconografías, en parte tomadas de los medios masivos de comunicación, no resulta violenta en sí: es clara e incisiva. Cada cartel explicativo de las obras dice de dónde provienen las imágenes montadas, como buscando cierto carácter de archivo o de nexo que indique el lugar de origen de las mismas.
“Brailles” es una serie de obras que parte de reproducciones de otras de artistas relevantes en la historia del arte, intervenidas mediante el método de escritura para no videntes. Nuevamente la temática tiene que ver con pasajes de la Biblia, frases que encontramos explicitadas al costado de cada obra, y con poemas. En uno de los textos explicativos que podemos leer sobre la serie se comenta la intención de Ferrari de privilegiar el tacto por sobre la mirada y que la elección de poemas surgió de la relación que el artista estableció entre Borges y su ceguera. Se producen desplazamientos de significados en la relación entre la imagen, el texto y el llamado al tacto que genera el braille. Relación triangular peculiar que despierta conexiones nuevas entre sentidos connotados y denotados. Sentidos surgidos de la búsqueda de generar asociaciones y reflexiones en el espectador.
Siguiendo la línea de pensamiento y trabajo de Ferrari, ambas series se interconectan en niveles amplios, desde una suerte de iconoclasia que no lo es porque se vale de la imagen misma para construir nuevos significados y llamarnos a pensar desde otro lugar lo establecido, lo canónico y lo tradicional.






Publicado en ramona web: http://www.ramona.org.ar/node/42781

martes, 27 de septiembre de 2011

Reseña sobre la muestra "El color en el espacio y en el tiempo"

"Vivir el color"

Artista: Carlos Cruz-Diez
Malba - 21 de septiembre de 2011 al 5 de marzo de 2012
Publicado en ramona web


Situar al color en el espacio y el tiempo. Esa ha sido la misión teórica y práctica de Carlos Cruz-Diez, artista venezolano nacido en 1923, a lo largo de su vasta carrera artística. Lo ha llevado a experimentar con diversos materiales y técnicas, así como en distintos campos como la pintura, la escultura, la arquitectura.
Si bien se lo ha catalogado como un “artista cinético”, el término excede su producción en tanto el movimiento no ha sido su única búsqueda plástica. Bien lo aclara Mari Carmen Ramírez en el folleto al que accedemos en el MALBA: compartió ciertas afinidades con el grupo, así como ámbitos de exposición, pero fue más allá de las premisas cinéticas.

Recorriendo la muestra, el espectador se ve inundado por el color. El mismo ha sido el punto de partida de la obra de Cruz-Diez, considerado como elemento atemporal del arte. Se libera de la bidimensionalidad, del plano, para incorporarse en el espacio y en el tiempo, libre de toda carga cultural. Vale como elemento primario para las investigaciones del artista, vale para la obra y en su relación con quien la contempla. Es el elemento clave, que permitirá que el espectador participe, se convierta en alguien activo frente a la obra. Porque, al ser el color algo que sale del lienzo “hacia afuera”, invita a cierta participación física, es percibido como lo fundamental, más allá de la geometría construida en los cuadros. Por ejemplo, muchas de las obras de la serie “Las Fisicromías informales” (1961) nos despiertan la necesidad de caminar de un extremo al otro del cuadro, en un ida y vuelta que modifica nuestra percepción de las mismas. Nos sorprendemos, nos admiramos, descubrimos, en el juego que se establece entre nosotros y la obra, nuevas formas de percibirla. El color es una presencia que se extiende más allá del plano, entrando en contacto directo con quien está observando. Esto es lo que diferencia a Cruz-Diez del arte cinético: como antes mencionáramos, no va en busca del movimiento dentro de la obra, sino que se vincula más con cierta línea de investigaciones que se dieron desde el siglo XX acerca del color como entidad autónoma. Cabe mencionar aquí a artistas que teorizaron sobre la temática como Klee, Kandinsky y Sonia Delaunay. 

Aquí no encontraremos un uso descriptivo, literario, decorativo ni metafórico del color. El color es libre, tiene vida propia. Y su vida se une a la de cada uno de los que se para frente a la obra. Lo cromático se introduce en lo cotidiano como podemos ver, por ejemplo, en las intervenciones de Cruz-Diez en edificios y la vía pública, sus proyectos arquitectónicos, inclusive en dos ambientaciones que se pueden recorrer en la muestra en las cuales nos sumergimos dentro de la concepción del artista, poniendo el cuerpo en el recorrido y percibiendo al color en el espacio y en el tiempo, en tres dimensiones. Así lo vivenciamos: quien entra en estos espacios es invadido, rodeado, “tocado” por el verde, el azul, el rosa, las líneas. La primera instalación une imágenes proyectadas sobre los muros y sobre dos objetos geométricos, la segunda es un espacio blanco dividido en tres, con luces de color. Aquí se pasa de la contemplación al “vivir el color” en sí mismo, a sentirlo. Nos traspasa, nos atraviesa.

El recorrido por la muestra nos lleva desde sus primeras obras figurativas, pasando por los primeros cuadros en donde la bidimensionalidad es concreta, para luego introducirnos en aquellos donde el color sale hacia afuera. Ayudó al logro de esto el trabajo del artista con elementos insertos en la bidimensionalidad. Acompañan esculturas, bocetos sobre las obras, las dos ambientaciones nombradas anteriormente, y un sector con sus proyectos arquitectónicos acompañados de un video donde podemos contemplar sus intervenciones en el ámbito urbano.

Esta primera y seria retrospectiva sobre la obra de Cruz-Diez es imperdible. Porque el mero relato del recorrido no alcanza para transmitir la experiencia del mismo, la huella que queda marcada en el espectador, la sensación de ser invadido y penetrado por el color. Estamos invitados a “vivir el color” y abrir así nuestra propia percepción del mismo, así como a participar activamente en la obra.


Publicado el 27/9/2011
Link directo a la reseña: http://www.ramona.org.ar/node/39275